
Hoy, casi 200 años más tarde, la Colonia Roma sigue conservando en sus fachadas, las historias y el lenguaje que se quedó tatuado en un aire viejo, elegante, y hoy, se le agrega el ingrediente cosmopolita.
Son casi las seis de la tarde y mi recorrido será hoy por la Avenida Álvaro Obregon; mis pasos inquietos no dejan de avanzar y me llevan hasta la calle de Orizaba, el dulce olor a peras caramelizadas me dirigen al número 95 de la misma calle y ahí, frente a mis pies, se eleva una construcción anacrónica a mi tiempo pero bien ubicada en la época que les narré en líneas pasadas.
En esta dirección se encuentra el Hotel Brick, una joya arquitectónica que conjuga varios estilos, entre ellos el Art Déco y la arquitectura neocolonial. Tal es la hermosura del recinto y el valor es incalculable, que el Instituto Nacional de las Bellas Artes, ha declarado a este edificio,como Patrimonio Cultural.
Una de las grandes características del Hotel Brick, es tener la facultad de tener una mirada jóven que entiende y respeta el peso y paso de la historia.
Aquí es donde nace Brasserie La Moderna, un lugar en donde comulgan los sabores, con la ambientación francesa; ahí imprime su sello el Chef mundialmente reconocido Richard Sandoval, en un festín cotidiano de sabores, olores y experiencias gastronómicamente sensoriales.
Uno de los datos históricos de relevancia del Hotel, es que fue la casa del primer presiedente del Banco de Lóndres en Méxicoy éste, mando traer todos los ladrillos desde Inglaterra.
Es un punto obligado si visitas la Ciudad de México.
Felices pasos.
Viajera!